September 05 2010 20:22:15
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Biografía

No resulta fácil resumir en unas pocas líneas la biografía intelectual de J.G. Fichte, una figura decisiva para la filosofía alemana, precisamente en un período en que ésta goza de una extremada complejidad y riqueza y del que en parte bebe todavía la filosofía occidental durante los dos siglos siguientes. Su vida, por lo demás, está estrechamente vinculada a su obra, a la que se entregó con un entusiasmo y una pasión que caracterizan también su filosofía. Contemporáneo de acontecimientos decisivos de la historia de Europa (Revolución francesa, revolución industrial, guerras napoleónicas, emergencia de los primeros nacionalismos…), su pensamiento supo captar como pocos el espíritu de la época y lo trasladó al debate filosófico. Su irrupción en el panorama alemán en la década de los 90 polarizó los debates en torno a su obra y a la interpretación de la herencia kantiana, poniendo así las bases para los sucesivos sistemas idealistas. Fue en 1794, al ocupar la cátedra de Reinhold, cuando su figura se hizo célebre y concitó los entusiasmos de una joven generación de filósofos que acudían a Jena a escuchar sus lecciones, para las cuales publicó un manual con el nombre de Grundlage der gesamten Wissenschaftslehre (Fundamentación de toda Doctrina de la ciencia), término éste último que sirvió en adelante para dar nombre también a su filosofía.

Lo cierto es que apenas un par de años antes era prácticamente desconocido. Nacido en 1762 en el seno de una modesta familia de la aldea de Rammenau, sus dotes le permitieron recibir una ayuda para estudiar en la Schulpforta, (1774-1780) una de las más prestigiosas instituciones educativas de la Alemania de entonces, donde años más tarde estudió también Nieztsche. Terminados sus estudios allí cursó Teología y Derecho en Jena, Wittenberg y Leipzig. Finalizada su formación universitaria trabajó como docente privado en Leipzig y más tarde en Zurich, donde conoció en 1790 a Johann Rahn, con la que se casó en octubre de 1793.

Su estancia en la Schulpforta y sus estudios de Teología y Derecho le habían dotado de una amplia formación y visión que enseguida aplicó a uno de los problemas centrales de la Ilustración alemana, como era el de las relaciones entre razón y sentimiento, y respecto del cual su Escrito de Despedida de la Schulpforta (1780) ya demostraba una considerable preocupación. Sin embargo es ya fuera de esa institución, en el escrito Sobre las intenciones de la muerte de Jesús (1786), así como en los Aforismos sobre Religión y Deísmo (1790), donde desde una perspectiva todavía marcadamente teológica, avanza ya una posición hacia la necesidad de unificar ambas instancias, a la vez que aparece preocupado por preservar la libertad frente a la amenaza que para la misma puede representar el deísmo. Y es precisamente esa preocupación por la libertad la que convierte para él, ya en 1790, en un gran acontecimiento la lectura de la segunda Crítica kantiana.

Fue esa lectura la que definitivamente ganó a Fichte para la filosofía y marcó su obra como un sistema de la libertad, reescrito de forma incansable hasta el final de sus días. Como nos recuerda en una carta a su amigo Weisshuhn, de septiembre de 1790, desde entonces vive en un nuevo mundo. Pero ese mundo, que era el kantiano, estaba lejos de haber resuelto el problema de las relaciones entre libertad y necesidad. A Fichte no le satisfacía la solución de la tercera Crítica. Por ello proyecta un primer ensayo, del que da cuenta al mismo Kant en Königsberg, dirigido a resolver el problema y lo hace en un ámbito de la proyectada cuarta Crítica que Kant todavía no había llevado a cabo: la de la religión. El resultado fue el Ensayo de una crítica de toda revelación, publicado en 1792 y que apareció de forma anónima, lo que facilitó que durante un tiempo la obra fuera atribuida al propio Kant. Esa circunstancia editorial le dio una notoriedad decisiva, hasta el punto de que le sirvió para ocupar, apenas dos años más tarde, en 1794, la cátedra de Karl Leonhard Reinhold en Jena.

Reinhold había asumido la tarea de unificar la obra de Kant bajo la facultad de representación y había apelado a lo que llamaba Hecho de conciencia, como principio supremo y común a las tres Críticas. Por su parte, Fichte, tanto en la mencionada Crítica de la Revelación, como en otros dos escritos de 1793, La Reivindicación de la libertad de pensamiento y las Contribuciones para la rectificación del juicio del Público sobre la Revolución francesa, había vislumbrado ya que la unificación de la obra de Kant, si quería preservar la libertad, sólo podía hacerse desde la libertad misma.

Por eso en un breve escrito que llevaba por título Reseña de Enesidemo (1794), explica cómo el principio de conciencia de Reinhold, al ser un hecho (Tatsache), no puede servir como principio y propone sustituirlo por otro que denomina ya Tathandlung. En este momento puede considerarse que ha nacido la Doctrina de la Ciencia. Ese mismo año Fichte, ya en posesión de la cátedra en Jena, publica dos trabajos en los que trata de explicar el nuevo sistema en su conjunto: Sobre el concepto de la doctrina de la ciencia y Fundamentación de la doctrina de la ciencia. En ellos se contiene ya lo fundamental de su filosofía como filosofía de la libertad. Las obras y las lecciones de Fichte tienen en ese momento una enorme repercusión, sobre todo entre la generación más joven que acude a Jena llena de entusiasmo, un entusiasmo vinculado además a los ecos de la Revolución Francesa. En Tubinga, Hegel, Hölderlin, Schelling comparten ese fervor por la Revolución y por la filosofía de Fichte, que aparece a sus ojos como el culminador de la obra de Kant y de una nueva era.

Sin embargo las críticas y los malentendidos no se hicieron esperar. Por un lado se le reprochó haber traicionado el espíritu del propio Kant, especialmente en el tratamiento de la cosa en sí y de la intuición intelectual. Fichte se ve obligado a responder en dos escritos que se conocen como Primera y segunda introducción a la doctrina de la ciencia (1797) y emprendió una nueva reformulación en su Ensayo de una nueva presentación de la doctrina de la ciencia, lo que ya había intentado en la Fundamentación del derecho natural según los principios de la doctrina de la ciencia (1796). Pero las críticas y la incomprensión le empiezan a llegar también de los jóvenes que habían acudido a escuchar sus clases con entusiasmo como Hölderlin. Incluso el joven Schelling que se había declarado seguidor y que había publicado ya sus primeras obras en la estela de Fichte, empezó descubrir deficiencias en el tratamiento que Fichte hacía de la Naturaleza. En 1800 el mismo Schelling se apartó de la obra de Fichte y presentó su propio sistema.

En ese ambiente de creciente hostilidad e incomprensión se produjo un incidente que dio lugar a lo que se conoce como Polémica sobre el ateísmo y que marcó en gran medida la evolución posterior de su vida y de su obra. En 1798 Forberg había publicado un escrito que situaba la obra de Fichte en los límites del ateísmo, ante lo cual el propio Fichte decide a su vez publicar otro con el título Sobre nuestro fundamento en la creencia en un gobierno divino del mundo. Fue este el que motivó a su vez un texto anónimo de respuesta que llevaba por título Carta de un padre a su hijo estudiante, a propósito del ateísmo de Fichte y Forberg. El príncipe elector de Weimar acabó confiscando la revista que Fichte dirigía con Niethammer y Fichte a su vez respondió con un escrito que llevaba por título Apelación al público (1799). La polémica siguió, interviniendo ella otros personajes como Jacobi, Heusinger o Eberhard.

Como resultado de todo ello Fichte debió abandonar Jena en 1799 y empezar una nueva etapa en Berlín. En 1800, ya en Berlín, publica además de su principal obra de teoría política, El Estado comercial cerrado, (1800), una nueva versión popular de la Doctrina de la Ciencia, con el título El Destino del hombre, y en la que sin duda se aprecian los efectos de la polémica. Desde entonces no dejó de elaborar nuevas versiones hasta la de 1813, poco antes de su muerte en 1814, en una evolución en la que su filosofía de la libertad va desplazando la centralidad del Yo de sus primeros escritos hacia otras nociones como Imagen, Ser y Dios, y que hoy por hoy divide a los intérpretes respecto de su fidelidad o no las primeras formulaciones anteriores a la polémica sobre el ateísmo.

Lo cierto es que en Berlín obtuvo bien pronto el favor de un público selecto y de los ambientes intelectuales, artísticos y políticos berlineses. En estos años acudieron como oyentes a sus lecciones influyentes personajes de la vida prusiana, incluyendo ministros. En 1804 imparte por primera vez lecciones públicas y, finalmente, en 1805 regresa a la vida académica al ser contratado como profesor en la Universidad de Erlangen, que por entonces pertenecía a Prusia, y donde impartió lecciones en el semestre de verano de ese mismo año. La derrota prusiana en Jena, en octubre de 1806, le sorprende en Berlín y decide huir hacia Königsberg, donde es nombrado profesor y de donde regresó a la capital de Prusia un año después, tras una breve estancia en Dinamarca.

Pero precisamente en el otoño de 1807 estaba ya en marcha un proyecto para crear una Universidad en Berlín y Fichte recibe el encargo de elaborar un plan para una institución universitaria. Aunque su plan no fue tenido en cuenta, imponiéndose finalmente el modelo de Humboldt, lo cierto es que finalmente en 1810 se fundó la Universidad de Berlín y Fichte fue nombrado Decano de la Facultad de Filosofía y primer Rector. Un año antes había sido nombrado académico de Academia de Ciencias de Baviera.

En esos años, como decíamos, su actividad había recuperado el favor del público en lecciones y conferencias que tuvieron una notable repercusión y que volvieron a otorgarle una considerable notoriedad en un público más amplio. Ejemplares en este sentido, por su repercusión, son los Discursos a la Nación alemana (1807), pronunciados tras la invasión napoleónica, y que constituyen una obra clave del primer nacionalismo alemán, y que en realidad eran una continuación de sus no menos relevantes sus lecciones sobre la filosofía de la historia mantenidas en 1804, con el título Los caracteres de la edad contemporánea y publicadas finalmente en 1806, fecha en la que pronuncia otras relevantes conferencias, esta vez sobre filosofía de la religión, publicadas con el título de Exhortación a la vida bienaventurada (1806).

En 1814 contrae una infección y fallece ese mismo a los 51 años, dejando una obra póstuma considerablemente extensa y un duradero influjo que llega hasta nuestros días.


Vicente Serrano Marín
Madrid, marzo de 2007


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